martes, 31 de mayo de 2011

La ficción en la arquitectura del sentido común

¿Qué tal ese título? ¡Ahí nomás!
Pero bueno tiene algo que ver con esta entrada. Hace no mucho tiempo estaba platicando con una compañera de Canadá que vivió (muchos dirían que vivió “bastante”) en Cuernavaca y que como parte de su sueño personal cumplido radica ahora en Canadá. Sólo extraña su tierra cuando debe palear un metro de nieve para mover su carro (que por otra parte es casi 6 meses al año).
Me comentaba que en una feria de turismo un funcionario del CPTM que es el Consejo de Promoción Turística de México (ya a estas alturas queda claro que no me pudo precisar el nombre de la feria ni el del funcionario) llegó con una actitud ante los muy escépticos  canadienses de “Güey…o sea cooooomo se te ocurre, si México en estas fechas es más seguro que nunca en su historia…”.
Sobra decir que los canadienses tomaron esta declaración como un insulto a su inteligencia y el resto de la feria el stand de México fue más ignorado que una chichi de monja.
Lo verdaderamente importante aquí es… ¿Qué motiva a los funcionarios de nuestro país a hacer ese tipo de declaraciones? No olvidemos la frase ya clásica que estará en breve ahí, al lado de la de “¿Y yo por qué?” y “Es política ficción” aquella que en Las Vegas hiciera Felipe Calderón al decir “que los turistas sólo reciben shots (tiros) de Tequila”.
¿Por qué?
¿Qué fuerza interna los mueve a decir en un alto porcentaje una idiotez? Los 6 mil pesos del ahora candidato presidencial salen a la luz de inmediato.

Pues la respuesta la propone de manera indirecta Jorge Volpi, un reconocido autor basado en un estudio de varios estudios de reconocidos autores (lo que automáticamente lo salva de ser un plagio). Los políticos no leen ficción. En el remotísimo caso de que el político lea, lee periódicos, temas relacionados, iniciativas de ley, libros relacionados con su profesión.
No lee ficción.
La tesis de Volpi sostiene que la ficción prepara al cerebro para generar cientos, miles, de escenarios posibles…y estamos hablando de leer, no de ver películas ni la T.V. donde ya viene todo procesado.

La ficción te prepara mentalmente para pensar en varias posibilidades: ¿Qué pasará con el Bombero renegado de Fahrenheit 451? ¿Por qué Sherlock Holmes finge estar loco? ¿Qué hace que la niña Clara perciba cosas que los demás no ven? ¿Si logramos un perfume con esencia a doncella que pasará?

 ¿Cómo son las calles de Macondo? ¿Quién es el superior de Pantaleón Pantoja? ¿Y si de verdad hay una conspiración de la Iglesia para ocultar la esposa de Jesús? ¿De quién es la huella en la arena que vio Robinson? ¿Logrará su venganza el Conde Montecristo? ¿Por qué empieza diciendo “Pongamos que me llamo Ismael”? ¿Es el Retrato quién realmente envejece? ¿Llegado el amor imposible de tu vida, le venderías el alma al diablo?
Son situación irreales, ficción, pero que nos transportan a otras épocas, a otros mundos, y nos fuerzan a desarrollar una posible explicación en espacios que no nos corresponden físicamente.
Por lo tanto en espacios y situaciones que nos corresponden físicamente podemos crear una serie de escenarios posibles y actuar en consecuencia. Dicho de otra manera podemos prever una reacción antes de emitir la declaración y ahorrarnos el ya famoso “Lo que yo quería decir no era lo que dije sino otra cosa que desafortunadamente no alcancé a decir cuando debí decirla”.

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