jueves, 24 de febrero de 2011

Una buena!

Pasa tan pocas veces que tuve poner esto, una columna con un tono positivo madre de Dios!
A ver si no se acaba el mundo...
Es de José Manuel P´rez Durán, A.k.a "El Atrilero"

Morelos, con sus balnearios en algo así como trece municipios, de aguas frescas o azufradas (Agua Hedionda en Cuautla), termales (Atotonilco en Jonacatepec), rústicos en el medio de la selva media baja de Tlaquiltenango (Las Huertas del Higuerón) o equipados con juegos acuáticos en Tlaqui, Puente, etc...
Restaurantes para todos los gustos y  bolsillos, antros caros y baratos, bailes populares, toros de monta y, de vez en cuando, de lidia. Y sobre todo clima y vegetación diversa, fresca y boscosa en la cordillera que bordea al norte y casi tropical en las planicies del oriente, el sur y el sureste. Morelos ha tenido de qué presumir, siempre, desde que Moctezuma escogió Oaxtepec para su casa de descanso, o la época dorada del Cuernavaca de los treinta hasta los noventa del sigo pasado, visitada por actores nacionales y extranjeros, pintores, políticos, empresarios renombrados. Sede la Ciudad de la Eterna Primavera de una colonia americana que el paso del tiempo fue diluyendo, de mansiones de famosos de una generación extinguida, del mayor número de escuelas de español hoy venidas de más a menos, ahuyentados los estudiantes por la violencia del crimen organizado.

Sin embargo, porque tantas familias dependen del dinero que gasta el turismo, ni modo de hablar mal del camello. Al contrario: hay que hablar bien del jamelgo para poder venderlo. Y subrayar los atractivos de Morelos, dedicado a ello el secretario de Turismo, Hugo Salgado Castañeda. No puede ser de otra manera: es su chamba. Volverá a exaltar las cualidades de esta parte de México en la reunión nacional del ramo que, realizada en Campeche, marcará la agenda nacional que la semana próxima cantará el presidente Calderón a propósito de la otrora llamada industria sin chimeneas. Acapulco sufre hoy la peor crisis de turismo, acaso mayor que la causada por la alarma excesiva como el  gobierno de calderonista manejó la epidemia de influenza cuando, si según su secretario de Salud hubo cientos de decesos, ¿dónde ocurrieron que nadie los vio?  Desplomada en el puerto guerrerense, la ocupación hotelera, de restaurantes y discotecas por la recurrencia creciente de muertes ligadas al narcotráfico; en Morelos, no tanto, pero para allá se encamina si no cesa el reguero de cadáveres y el gobierno sigue “combatiendo” la violencia sólo con declaraciones de buenos deseos. Lástima. Pero aun en la adversidad podemos hablar bien del camello. Que Morelos tiene un pueblo mágico y a lo mejor pronto contará con otro, Tlayacapan. Que, perdida tal denominación oficial a causa de nimiedades, Tepoz la recuperó en junio del año pasado, confirmada entonces la especie por el propio Salgado, a partir de la ratificación en el mismo sentido por la titular de la dependencia federal de la misma área ramo, Gloria Guevara Manzo. Que tenemos una reserva de la biósfera, la de la sierra de Huautla, declarada así en octubre de 2006 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Y describirla a los turistas: tal maravilla abarca 59 mil hectáreas de los municipios de Tlaquiltenango, Puente de Ixtla, Jojutla, Amacuzac y Tepalcingo. Su nombre se lo da la comunidad de Huautla, metida en el corazón de la sierra de Tlaquiltenango, el municipio de mayor extensión territorial de Morelos. Región de paisajes contrastantes que van de la exuberancia en las riveras del río a los acantilados como cortados a tajos de machete y lomas heridas por cactus de gran tamaño, incluye los manantiales de Las Huertas. ¿Quieren ir?  Se llega cortando por una desviación de la Autopista del Sol, un par de kilómetros adelante del entronque de Tequesquitengo, o por la vía larga de El Higuerón, al cual confiere su nombre el cerro que domina el valle de Jojutla. Cinco minutos después, estarán entrando a la selva baja caducifolia. La temperatura rondará los treinta y ocho grados. Los cactus destacan como agujas clavadas en el suelo y los árboles de tallos rojizos lanzan destellos de rayos de sol. Saliendo de una curva, por unos segundos dos correcaminos de tono cenizo aparecerán corriendo, zigzagueantes, delante de la camioneta, y esto, según los lugareños, es señal de buena suerte. Efectivamente. Al poco rato tendrán el privilegio de ver un águila como a cincuenta metros, asida con sus patas poderosas al cactus con forma de tenedor… ME LEEN MAÑANA

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