Doña Berta era una maestra en una escuela de Cd. Victoria, la directora ni más ni menos, y ella se instaló en la psíque colectiva por dos frases.
Estamos hablando de la Cd. Victoria de los 40´s, cuando el miedo más grande era ser agredido por un "mariguano". Sólo los muy ricos tenían auto y para garantizar la velocidad en los "mandados" de las maestras, se optaba por usar al niño que no llevaba zapatos. En Cd. Victoria en verano, la temperatura llega con facilidad pasmosa a los 44°C, a la sombra. Por lo tanto un niño descalzo sobre la banqueta alcanzaba corriendo, velocidades cercanas a las de una gacela perseguida por un guepardo. Los "mandados" tardaban como 3 minutos.
Es en este contexto que Doña Berta se instaló. Una tarde de sillas y mecedoras en la banqueta, ya que no había sol y la gente salía a "tomar el fresco", Doña Berta se hizo oír a mitad de una conversación, cuando las demás pláticas entraban al unísono en una pausa. "A mí no me gusta el chisme, no me interesa lo que haga la gente con su vida...¿Yo porqué tendría que decir que Carlota dejó sus calzones en el parque después de estar con su novio hasta las tantas de la noche? No es de mi incumbencia. ¿ Y que Don Javier llega de ver putas cada sábado a las 6 de la mañana? Nada de eso me interesa ni tengo porque andar contándolo.".
Esa fue una.
Tempo después cuando se supo algo de la misma Doña Berta, platicaba con su hasta entonces gran amiga, "Yoyito" (que no sé como le hicieron para decantar ese apodo del nombre Dolores) y Yoyito decia juzgada por indiscreta, "...pero Berta, acuérdate que las paredes oyen...".
"Si pero no tienen hocico pendeja".
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